Dintel de la página del Museo de Anclas Philippe Cousteau Escudo del Ayuntamiento de Castrillón

Ancla del "Consulado de Bilbao" (ex "Ciudad de Ceuta" y ex "General Sanjurjo")(1.920 — 1.983)


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Ancla del "Consulado de Bilbao" (ex "Ciudad de Ceuta" y ex "General Sanjurjo")(1.920 — 1.983)

Ancla donada por el Ayuntamiento de Bilbao en 1990.

El transporte del Ejército de áfrica a la Península en los primeros días de la guerra civil española, es una de las claves de la derrota de la República, puesto que permitió a Franco el control de buena parte de Andalucía y la ofensiva de Extremadura que conectaría con la llamada Castilla La Vieja, el santuario y mayor soporte de las fuerzas republicanas.

El primero de aquellos transportes pasó pomposamente a la historia de la "Cruzada" como el "Convoy de la Victoria". Aunque el número de tropas que pasaron al otro lado fue mínimo, la propaganda nacional explotó el acontecimiento, que demostraba a las claras la voluntad de victoria de los sublevados. En aquel convoy intervino la motonave "Consulado de Bilbao", que por entonces se llamaba "Ciudad de Ceuta", y que había sido bautizada unos años antes con el nombre del polémico general Sanjurjo. El buque terminó sus días en la capital del Nervión, destrozado por la riada que azotó el País Vasco en 1.983. Su ancla, cedida por el Ayuntamiento, reposa en el Museo.

Fotografía del ancla.

La motonave Sanjurjo fue construida en 1.929 en los astilleros de Unión Naval de Valencia, destinada a integrarse en la flota de la compañía Trasmediterránea.

El Sanjurjo, de 1.550 toneladas, era gemelo del "Primo de Rivera". El cambio de régimen de abril de 1.931 hizo poco adecuados sus nombres, por lo que el Sanjurjo pasó a llamarse Ciudad de Ceuta y el Primo de Rivera fue rebautizado como Ciudad de Algeciras.

Al producirse la sublevación, la compañía Trasmediterránea se puso al lado de los rebeldes y desempeñó un importante papel al brindar a Franco y sus generales una flota de cargueros esencial para el desarrollo de las operaciones contra el bando republicano.

El Ciudad de Ceuta se hallaba en Cádiz y viajó el día del alzamiento hacia Ceuta con el fin de participar en el transporte de tropas. Poco después, la tropa republicana cortaba el libre tráfico por el Estrecho.

En esos primeros días, la suerte de la rebelión pendía de un hilo. Cádiz y Algeciras estaban en manos de los sublevados. En Sevilla, Queipo de Llano y su II División de Infantería se habían hecho con el control de parte de la ciudad con tácticas de astucia y terror (como el ametrallamiento indiscriminado de barrios obreros), pero estaba incomunicado. Se hacía urgente el traslado del Ejército a áfrica. Sin embargo, no era tarea fácil.

En los días previos al 5 de agosto de 1.936, se concentró al grueso de las seis banderas de la Legión en Ceuta, de donde partiría el "Convoy de la Victoria". Se incluían, aparte del Ciudad de Ceuta y el Ciudad de Algeciras, el carguero Arango, el remolcador Benot, el viejo cañonero Dato, el minúsculo torpedero número 19 y el patrullero Uad — Kert. Frente a ellos, un acorazado, dos cruceros, ocho o diez destructores modernos y media docena de submarinos. ¿Qué permitió el paso de un convoy tan endeble? En primer lugar la descoordinación y dispersión de objetivos de una flota republicana a la que se ha tachado injustamente de indisciplinada. En segundo lugar, a la inusitada concentración aérea que, con la inestimable ayuda italiana, preparó el paso del convoy. Sólo hizo frente al convoy el destructor "Alcalá Galiano", con el que se cruzaron algunos cañonazos y que no pudo impedir finalmente el paso de la expedición, observada por el propio General Franco desde el monte Hacho, donde más tarde se levantaría un monumento. El resto de la guerra la consumió el Ciudad de Ceuta como parte de la flota del Estrecho.

En 1.974, el barco sería adquirido por la Asociación Vizcaína de Capitanes de la Marina Mercante, para su remodelación como sede de la entidad. El barco permaneció anclado en los muelles de Uribiatarte, en la ría del Nervión, frente al Ayuntamiento de Bilbao y muy cerca del puerto medieval de la capital vizcaína. Durante casi una década, el viejo carguero formó parte del paisaje de Bilbao. Fue el primero además en el que ondeó la "ikurriña" en la ría bilbaína.

Tendría un final trágico. El 26 y 27 de agosto de 1.983, se desencadenó sobre las costas vizcaínas una gota fría que ocasionó fuertes lluvias torrenciales y la gran riada que asoló Bilbao. Fue tal el crecimiento de las aguas que el barco flotó por encima del nivel del muelle y terminó en la misma plaza del ayuntamiento. A consecuencia de los daños sufridos, acabaría por hundirse. Sin embargo, su ancla fue rescatada y ahora descansa en Salinas, frente al mar Cantábrico.

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